Llegó el día señalado, todos al avión con los nervios y las ganas de conocer algo nuevo. El vuelo fue perfecto y el aeropuerto vacío y sin filas para pasar el control. Theo, el guía, nos esperaba en la salida, fue muy amable y nos dió las instrucciones de llegada.
Llegamos a Oxford a las doce y media. Un poco de fresco, ¡qué envidia!
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